El fin del mundo

Sostengo un mapa, está empapado y roto en cuatro partes. Laura y Pedro me ayudan a intentar juntarlas y descifrar lo que el agua ha borrado. Es difícil detenerlas; el viento parece enojado, tiene ya un par de horas que no ha dejado de gritar. El cabello me tapa la cara y con las manos adormecidas intento hacerlo a un lado sin mucho éxito.

Parece que las nubes ya están bastante cómodas por acá y nunca se irán. La nieve sigue cayendo acompañada de unas cuantas gotas de agua. Estoy empapada, aunque hace ya más de una hora que he dejado de sentir los pies. Sólo a Laura y a mí se nos ocurre venir al fin del mundo sin botas de trekking.

IMG_0307Parque Nacional Tierra del Fuego, Argentina.

Salimos muy temprano del hostal para hacer el recorrido en el Parque Nacional Tierra del Fuego, en Ushuaia, Argentina. Anoche había caído algo de nieve pero hoy por la mañana el sol había despertado temprano y parecía que nos acompañaría un buen rato… Ya me lo imagino a él riéndose de nosotros y pensando que hoy no trabajaría ni medio día.

Una camioneta pasó a recogernos al hostal, ya había otros excursionistas adentro. Llevaban puestos suéteres, gorritos, guantes impermeables, pantalones impermeables, chamarras impermeables, mochilas impermeables, zapatos especiales para hacer trekking, también impermeables. Todo era impermeable.

-¡Bah.. pero qué exagerados! Ni que fueran al Everest…

Yo llevaba un gorrito, guantes (no impermeables), pantalones (no impermeables), una chamarra (no impermeable) y tenis, por supuesto que tampoco eran a prueba de agua.

-Ay esos europeos tan precavidos… Y yo a la vive México…

IMG_0453_1Ushuaia, Argentina. 

Comenzamos el recorrido de trekking en Bahía Ensenada. La nieve que había caído durante la madrugada se había derretido casi en su totalidad, así que de vez en cuando nos encontrábamos con unos cuantos charcos. Nada que no pudiéramos evitar, bastaba rodear un poco para pasar sin dificultad. Pues no nos duró mucho el gusto. Unos 3 kilómetros adelante ya no había charcos sino  “lagos”. Pedro como buen europeo llevaba todo el equipo necesario. Lo veía tan tranquilo caminando derecho y metiendo el pie bien hondo en el agua, lo sacaba y no pasaba nada. Laura y yo en cambio, como monos araña caminábamos entre las ramas para usarlas de puente. Un kilómetro después no había nada qué hacer. Mi pie quedó cubierto de agua y lodo. Sentí como el agua helada me paralizaba las extremidades inferiores. Otra vez lo volví a hundir, la verdad es que después de un rato ya ni trataba de evitar el agua. De cualquier manera ya estaba mojada.

No me quedaba nada más que reír. El lugar es hermoso y la idea de estar en la ciudad más austral del mundo me causaba una sensación de satisfacción que difícilmente se puede expresar en palabras.

Comenzamos a descender la montaña, el bosque tupido quedó a un lado y del otro parte de la Bahía Lapataia, entrada de agua de mar que se conecta con el canal Beagle. Dos días antes había pasado por este punto con otro grupo del hostal y las montañas que ese día quedaban al fondo de la laguna estaban hoy tapadas. Podía escuchar el sonido de las olas que se deslizaban sobre las piedras, pero luego aparecía el viento que soplaba con toda su fuerza. Era una competencia reñida, difícil poder decir quien era el ganador.

IMG_0497Bahía Lapataia.

A pesar del mal clima, el panorama tenía algo que para mí lo hacía especial; ni las nubes podían quitarle la belleza al lugar. Creo que no exagero cuando digo que era algo sorprendente.

Y de repente comenzó a nevar. Hasta el frío se me quitó de la emoción. Pedro y yo estábamos bastante contentos con la llegada de la nieve, quizá porque ni en Portugal ni en México se la ve con frecuencia. Laura que es de Seattle, cada invierno tiene que soportarla y lidiar con ella; la nieve le significaba inmediatamente problemas.

Seguimos el camino y volvimos a refugiarnos bajo los árboles; con su protección el viento no entraba y la lluvia traspasaba con dificultad. Escuché un sonido extraño. Pensé que los árboles intentaban comunicarse conmigo. Se escuchaba como el rechinar de una puerta cuya madera está humedecida. Algunos árboles ya estaban muertos y otros pronto lo estarían. Unos cuantos habían caído al suelo y otros no creo que resistieran mucho tiempo más. Pensé que en cualquier momento podría morir aplastada.

Si bien no ha sido el hombre quien ha estado cortando los árboles, sí es el responsable del estado en el que se encuentran. Hace más de 50 años se trajeron castores de Canadá para que hicieran diques, el problema es que no es un roedor originario de la región, motivo por el cual no hay un animal por encima de él en la cadena alimenticia. Pronto se convirtió en una plaga, y los bosques sufren de la deforestación causada por estas criaturas. A veces pienso que el ser humano hace cada tontería, sin pensar en las consecuencias.

Y aquí estoy yo ejemplificando lo dicho anteriormente. A punto de que se me congelen los pies por no llevar zapatos adecuados. Temo que cuando me quite los calcetines mis pies estén morados, ya ni siquiera siento los dedos…

IMG_0490_1Pedro en los bosques de Tierra del Fuego.

Nos hemos rendido con el mapa, ya es una hoja de papel sin sentido. Decidimos seguir adelante por el sendero que según nosotros nos llevará a la parte más baja del parque. El clima complica el trayecto y la visibilidad tampoco es de lo mejor. La neblina no nos deja ver tan lejos; debemos confiar en nuestro sentido de orientación.

Justo frente a nosotros hay una pareja de franceses, parece ser que también están perdidos. Tienen un mapa, por suerte el de ellos está completo y aún se puede ver algo dibujado en él. Entre todos intentamos averiguar cuál es la dirección correcta. Salimos del sendero y llegamos a la carretera. Nos parece que es mejor seguir por aquí, al menos llegaremos a algún lugar.

Con cada paso que doy siento como mis pies “nadan” en agua. Bueno al menos cada pisada nos acerca más al final del parque.

Me pregunto, dónde habrán quedado todos los demás excursionistas. Todos ellos que llevaban sus bonitos zapatos especiales, seguro ya hasta van de regreso al hostal. Me los imagino calientitos bajo su equipo impermeable. Y mientras tanto nosotros, que seguro somos los últimos, vamos acompañados de una pareja de franceses mayores.

Llevamos ya un rato caminando y yo siento que no hemos avanzado nada. Más adelante veo que hay un puente, quizá ya estemos cerca. Cruzamos el río Lapataia. Ahora sí puedo ver las montañas blancas; están casi sobre nosotros.

IMG_0511Río Lapataia. 

Ya ha pasado una hora más y no tengo idea cuántos kilómetros nos faltarán para llegar. Tenemos 40 minutos para estar en el Puerto Arias, antes de que salga la camioneta que nos llevará a la salida del parque, sino habrá que esperar unas dos horas más para tomar la siguiente. Todo sería más sencillo si hubieran señalamientos en el camino.

Aquí en el descubierto el aire pega fuerte en la cara. Intento avanzar lo más rápido que las piernas me lo permiten. Escucho un ruido, parece ser que un automóvil se acerca. Volteo y veo salir de la curva una camioneta blanca. Sin pensarlo, levantamos los brazos y los movemos para pedirle que se detenga. Le pregunto si nos puede llevar al final de la carretera. Lo piensa un segundo, entonces nos hace una señal para que subamos.

Qué bien se siente estar en un lugar seco. Mi mirada atraviesa el cristal, es hermoso allá afuera…

La camioneta se detiene. Hemos llegado al final, es aquí donde finaliza la Ruta Nacional No. 3. Buenos Aires se encuentra a 3,079 kilómetros de distancia.

Bajamos de la camioneta para poder observar mejor el final del mundo y la puerta hacia la Antártida.

Las montañas y los árboles han sido escarchados por la nieve, que no deja de divertirse decorando el paisaje. Estoy parada en el punto más bajo de la Tierra, antes de la Antártida, a 17,848 kilómetros de Alaska. Es aquí donde el camino termina y el agua se extiende hasta perderse en el horizonte. Es el final, donde todo acaba. Es Tierra del Fuego.

“Es Ushuaia, fin del mundo, principio de todo”.

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Ushuaia: La Ciudad más austral del mundo

Lema: “Es Ushuaia, fin del mundo, principio de todo”.

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6 pensamientos en “El fin del mundo

  1. Es el primero que leo Marianita y Me encantó!!! Linda anécdota con moraleja… Buena redacción, hermosas fotos que complementan una muy buena descripción del lugar además de todos los datos que nos aportan conocimiento. Pero lo que más me gustó es que sentí que leía un cuento que me atrapó y me transportó desde el principio hasta el fin. Con gusto te seguiré leyendo…

  2. Me fascina tu narración Marianita querida! Hubiera querido que siguiera… Creo que estás lista para escribir un libro. Te felicito! Me siento orgullosa de ti.

  3. ¡Guau! que hermosa crónica, si tu abuelo pepe viviera estaría orgullosa de ti como lo estamos todos nosotros.
    Sigue por siempre así es el mejor regalo que me puede dar la vida.
    Te amo por siempre.
    Tu papi!

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