Eritrea: el país de los gritos apagados

Sostengo una especie de pan llamado injera y corto un pedazo. Tesfay me ha mostrado cómo tomar la comida con esta “tortilla”. No ha dejado de hablar. Con la boca ocupada y sabores que el paladar desconocía escucho atenta. Intercambia unas palabras con el mesero que no logro entender.

Dirijo la mirada hacia la ventana. Creo que el sol hoy trabajará horas extra y el viento ha olvidado despertar. La piel oscura de Tesfay se ilumina con las caricias del sol que nos llaman a salir e ir a ese lugar que nos espera.

Milán no estaba en mis planes, pero por alguna extraña razón aquí estoy. A Tesfay lo conocí hace un par de días. Desde entonces había insistido que quería visitar a los suyos. Curiosamente Milán era lo más cerca que él había estado en años de su país. Uno que vio nacer en 1993 y abandonó con la esperanza de encontrar algo mejor.

De tierra y aguas rojas, Eritrea es una nación joven y difícil. Es uno de los Estados con menos respeto a los derechos humanos. La libertad pocas veces se presenta y las religiones deben estar registradas.

Cada año son muchos quienes abandonan la llamada Corea del Norte de África. El motivo: encontrar una tierra fértil que pueda sembrar más que miedo.

Hasta 1890, Italia colonizó dicho país, dando origen a la Eritrea italiana. Con la capital transformada, el Art Deco predominó. Durante la Segunda Guerra Mundial el territorio fue arrebatado. Los ingleses tomaron posesión, aunque años después se unió con Etiopía. Tras diversos conflictos se declaró como una región autónoma hasta lograr su independencia a inicios de los noventa. Sin embargo, los conflictos entre ambos países persisten.

En un continente olvidado, las palabras frecuentemente son borradas. Los gritos apagados. Y las reuniones disueltas. Las miradas se elevan y buscan escapar. Intentan llegar allá arriba.

El Mar Mediterráneo es la mejor opción para salir del Noroeste Africano. El oleaje amenaza la vida de muchos que están dispuestos a pelear. De muchos que pierden la vida cuando intentan encontrar una mejor.

Tan sólo este año han llegado a Italia más de 60,000 inmigrantes, de los cuales el 30% provienen de Eritrea. El número supera por mucho al del año pasado de casi 8,000.

Eritrea es un país con un gobierno único. Con servicio militar obligatorio que nunca se sabe cuándo terminará. O si lo hará. Con religiones perseguidas como los testigos de Jehová. Con encarcelamientos y torturas para renunciar a la fe. Con arrestos sin cargos, ni juicios.

La persecución religiosa es la causa principal por la cual muchos huyen. El motivo por el cual las alas quebrantan los barrotes. La razón por la que abandonan el país rojo.

Van hacia el sol
A un gran cielo estrellado
De miedos rotos

El cielo está despejado y el viento ahora comienza a correr. Salimos del restaurante y caminamos en la dirección señalada por el mesero. La construcción es otra a la que había visto minutos antes. Resulta difícil creer que estamos en Italia. El italiano ha sido sustituido por el tigriña. Y las sonrisas resaltan en la cara de los hombres y mujeres. Tesfay sonríe, ha llegado a casa.

*

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